Tres lugares poco visitados de Marruecos

Ait Herbil

En la provincia de Guelmim, región de Guelmim Essmara, se encuentra Taghjijt, una ciudad pequeña y bonita, rodeada por la cadena montañosa llamada Bani, que forma parte del Anti-Atlas; verdes palmerales le dan frescura y encanto, y de ellos obtiene sus célebres dátiles.

Los jueves funciona el zoco, donde se venden principalmente alimentos, verduras, frutas y cereales. Una vez al año, en septiembre, se celebra el Mussem de Agadir Mkuren.  Hay un buen hotel, cómodo y limpio, que tiene además un bar, donde siempre se puede ir de noche a tomar un trago.  Taghjijt es en realidad un oasis dentro de una zona semidesértica; apenas te alejas unos pocos kilómetros, se te presenta un paisaje de arenas y dunas, imponente y a la vez llamativo por su colorido.

Esta ciudad es ideal como punto de partida para recorrer la zona y conocer otros lugares interesantes, entre ellos Ifrane, Amtoudi, Tircht y Aït Herbil. En los dos últimos se pueden observar grabados en las rocas hechos por la mano humana en épocas remotas.

Las rocas talladas de Tircht van desapareciendo gradualmente, debido al desgaste natural, aunque también, es necesario decirlo, por la acción de turistas desaprensivos que no vacilan en llevarse trozos de ellas o rocas enteras. Sería deseable que hubiera mayores controles para evitar estos actos.

Para esta visita lo más seguro es contratar guías, ya que la zona de las rocas grabadas no es fácil de hallar; el único punto de referencia natural es la montaña de Tircht en forma de pan de azúcar. A veces los grabados se encuentran en piedras sueltas.

Algo similar sucede en Aït Herbil. Aquí las pinturas rupestres son tan poco visitadas que hasta es difícil encontrar en la aldea cercana alguien que siquiera sepa que existen. En realidad, el acceso no es muy fácil: llegar a las rocas pintadas requiere una subida algo riesgosa por una angosta cornisa.  El pueblo de Aït Herbil es uno de esos lugares maravillosos donde la modernidad aún es una adquisición reciente, y conservan estilos de vida sencillos; es limpio y agradable, y muestra animación.

Lo mejor para visitar estos lugares tan apartados del gran turismo, es alojarse en Taghjijt al oeste, o bien en Akka al este, ya que estas pequeñas aldeas, como Tircht y Aït Herbil, no cuentan con ningún tipo de hotelería, ni tampoco restaurantes. Pero si por algún inconveniente no tienes más remedio que quedarte a pasar la noche, debes saber que siempre habrá un vecino dispuesto a ofrecerte un lugar en su casa e invitarte a compartir su cena.

Foto: Davey Clayton

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