Figuig, la de las siete aldeas

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Al este de Marruecos, a 2 km de la frontera con Argelia, cerca de la cordillera del Atlas, se levanta la ciudad berebere de Figuig, a la sombra de un oasis de palmeras datileras rodeado de desierto montañoso. A diferencia de la mayoría de los oasis de la región, Figuig nunca fue lugar de parada de las caravanas que atravesaban el Sahara, sino más bien un alto para los grupos que la cruzaban de paso hacia la Meca.

Figuig está estructurada en forma de siete comunidades o aldeas, separadas unas de otras por unos cientos de metros; es una estructura tradicional en muchos oasis aislados del Sahara, y en el origen tenía su razón de ser en cuestiones de seguridad y defensa.

En otros tiempos, cuando las familias o clanes luchaban entre sí por los escasos recursos, las líneas divisorias ponían orden, y aún hoy cuando ya no existen esas luchas las divisiones siguen teniendo significado para el pueblo de Figuig.

De las siete aldeas, Zenega es la más grande y también la más rica; la más bonita es tal vez el-Ma’izz, con sus sendas abovedadas y grandes verandas; muy parecida a ella es El-Udarhir. Un recurso ingenioso para atenuar el rigor de las altas temperaturas estivales, que suelen pasar de los 50ºC, son las callejuelas cubiertas que circulan debajo de las casas, brindando el alivio de su sombra al acalorado transeúnte.

Una preocupación constante es el abastecimiento de agua; se utilizan mucho los pozos artesianos, que proveen de agua a las palmeras y demás cultivos, pues la agricultura es la actividad principal de la zona. Recordemos que un pozo artesiano es un pozo muy profundo, que extrae el agua aprisionada entre dos capas impermeables.

Rodeada de arenas que sólo son transitables para el experto, Figuig crea la ilusión de que el desierto es un océano, y el mundo exterior demasiado lejano. La modernización elevó el nivel de vida general pero también trajo el éxodo de muchos jóvenes que buscan nuevas oportunidades en otras ciudades de Marruecos e incluso en Europa; aunque algunos regresan e inician actividades con ánimo de progresar en su propio país.

En Figuig, como en la mayor parte de Marruecos, son comunes los santuarios blancos, parte importante del culto islámico popular; se los construye muchas veces como tumbas de santos y santas, y los fieles los visitan para venerarlos o para beneficiarse con los poderes que de ellos emanan.

A pesar de estar tan cerca de Argelia, en la actualidad es casi imposible obtener una visa para poder cruzar la frontera.

Foto: Wikipedia

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Categorias: Pequeñas ciudades de Marruecos


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