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La ciudadela de los Jardines de Chellah

Es sin duda uno de los lugares más floridos y pintorescos de Marruecos, con cientos de flores que hacen eclosión en primavera dando una magnífica variedad de colores y fragancias. La ciudadela de los Jardines de Chellah está situada en plena capital de Marruecos, Rabat, y conforma uno de los más hermosos paisajes de que pueda gozar un paseante.

Su origen se vincula en cierto modo a la época romana, y, en parte, de ahí deriva el aura de leyenda y misterio que la rodea. La ciudadela fue una necrópolis construida bajo la dinastía Merinida en el siglo XIII sobre las ruinas de la antigua ciudad romana de Sala Colonia.

El primer sultán merinida, Abu Youssef Yakoub, eligió ese lugar para construir una mezquita, cuyas ruinas hoy todavía pueden verse, donde fue enterrado él mismo, su mujer y cuatro de sus sucesores.

En el siglo XIV, el sultán Abou Al-Hassan levantó, sobre los cimientos de las murallas romanas, los impresionantes muros que encierran la necrópolis, hizo construir en ese lugar un verdadero complejo funerario y abrió en las murallas la famosa puerta octogonal por donde se entra.

Pero, como muchas otras construcciones a lo largo de la historia, sufrió deterioro y abandono. Destruida por el terremoto de 1755 fue luego saqueada y despojada de sus materiales más nobles, y permaneció varios cientos de años sumida en el estado de ruina, hasta que las autoridades marroquíes tomaron conciencia del interés histórico y turístico de este sitio sin igual, lo protegieron y restauraron, cuidando de que el entorno urbanístico que lo rodea, y la proximidad a los barrios modernos, no perjudique ni desnaturalice sus características únicas.

El visitante que hoy se acerca a admirar esta obra de arte, después de franquear la célebre puerta octogonal, bien restaurada y bellamente decorada, donde se pueden apreciar caligrafías arábigas, comienza a descender por una agradable alameda bordeada de árboles de esencias variadas y de flores aromáticas. Todavía hoy en los Jardines de Chellah se pueden ver las refinadas lápidas, y explorar con relativa facilidad las ruinas romanas. En medio de los jardines hay un minarete de piedra, uno de los pocos elementos islámicos encontrados allí.

En ciertas estaciones y horas, los jardines se muestran en su máximo esplendor; esto sucede en primavera, cuando las plantas están en plena floración, y al anochecer, cuando los perfumes se hacen más intensos.

En el centro de la necrópolis, quedan aún algunos paños del muro de la Zouïa, un establecimiento religioso que era a la vez una mezquita, una escuela coránica y un albergue para los peregrinos y los estudiantes.

Se pueden ver también, casi intactas, las estelas de Abou Al-Hassan y de su mujer, llamada Chams Al-Doha (Sol de la Mañana), cristiana convertida al Islam, quien sigue siendo objeto de verdadero culto en todo Marruecos.

Los jardines de Chellah están abiertos al público durante todo el día. Los visitantes tienen acceso a todos los espacios de la Ciudadela y pueden explorarlos a su antojo. La mayoría de los turistas se sorprenden por la libertad que aquí se les brinda. Hay personal de seguridad y empleados que recorren los jardines, pero la vigilancia es muy discreta, ya que se espera que los visitantes sepan que deben respetar los jardines y demás atracciones.

Foto: Wiki Commons