Ouarzazate, cine, aventura y belleza

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Por su clima y paisajes, esta ciudad es la favorita de los cineastas desde 1984; aquí se han filmado grandes superproducciones y, para el deleite de grandes y chicos, los decorados de películas como Lawrence de Arabia, Astérix y Obélix: misión Cleopatra, El cielo protector y Gladiator, están abiertos para visitarlos solos o acompañados por guías.  ¡Es que aquí se encuentran los estudios de una gran compañía cinematográfica!

Pueblos como Tiffoultoute y Ksar de Aït Benhaddou, son ejemplo de la arquitectura tradicional. En Ksar, que significa fortificación, de laberínticas callejuelas de adobe, las vistas del palmeral Skoura, el reg o desierto de piedra y las montañas del Atlas son imperdibles. Aquí, cada septiembre se realiza el festival  Ahwach, una celebración del patrimonio popular de la región.

La ciudad de Ouarzazate, conocida como “La puerta del desierto”, se encuentra al sur de Marruecos; al llegar nos encontramos con una ciudad en pleno desarrollo, con edificios decorados con estuco y techos de cedro pintados.  La región está formada por valles que con sus diferentes climas hacen de ella un lugar favorito para la aventura por el desierto, la fotografía y el descanso.

En valle del Dades, en Imadri, encontramos el Palmeral de Skoura, que es una reserva en la que crecen árboles frutales como: granados, almendros, albaricoqueros, datileras, higueras y olivos; las gargantas del Todra y la reserva ornitológica del valle de los pájaros con 150 especies, que se puede visitar entre abril y julio, y no muy lejos, las minas de sal de tres colores: roja para secar la carne, negra para alimentar a los animales y blanca para cocinar.

En el valle del Drâa, el pueblo subterráneo de Tamgrout es famoso por sus valiosos manuscritos, parte de su biblioteca coránica, que datan del siglo XI.  En el valle de las rosas, está el pueblo Kelaât M’Gouna, donde se puede ver cómo se elabora agua de rosas;  cada primavera se celebra la Fiesta de la Rosa que dura dos días y a la que llega gente de todas partes para cantar, bailar, elegir a la Reina de las rosas y conocer los productos cosméticos hechos con agua de rosas.

Para los que disfrutan de la aventura, en M’Hamid se organizan jaimas para dormir en las dunas de Chigaga y travesías por el desierto a lomo de asno o dromedario, que van desde el Gran Atlas hasta el yebel Saghro sa, acompañados por tribus bereberes de los Aït Atta con sus rebaños de ovejas y cabras.

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