Cuarto día, compras en el Zoco de Marrakech y Palacios de la Medina

En el zoco de Marrakech

A pesar de que el último día queremos aprovecharlo para comprar en Marrakech, decidimos levantarnos a las 7 de la mañana, ya que tenemos que ver los palacios y no queremos coincidir con mucha gente. Es una excelente decisión, pero de eso nos daremos cuenta después.

Desayunamos como siempre intentando evitar los sucedáneos de charcutería de cerdo, plástico puro, y nos ponemos en marcha para llegar al palacio Bahía. La mejor opción es coger un taxi, ya que no queremos perdernos como el primer día.

Llegamos justo antes de que abrieran las puertas, así que podemos decir que somos los primeros turistas del día. Esto nos permite visitar el palacio sin ningún otro turista, algo que nos hace sentir como privilegiados, la verdad.

El Palacio Bahía es sin duda alguna la obra arquitectónica con mayor relevancia de todo Marrakech. Cuando el visir Si Moussa decidió construir este palacio, a finales del siglo XIX, lo hizo con el único fin de crear el palacio más impresionante que el mundo hubiera visto.

El lugar ocupa 8 hectáreas en las que se encuentran 150 habitaciones, con patios interiores y jardines así como una parte bastante importante, según dicen la más bonita, que pertenece al harén de Abu Bou Ahmed, visir que siguió a Si Moussa.

Impresiona el detalle de todas sus puertas, una vez más es impresionante ver como esta gente trabajaba la talla de madera. Además, también podemos observar algunas chimeneas, fuentes, una vegetación exótica dentro de los jardines de las habitaciones y estancias mucho más grandes que servían como salones de fiestas.

En la actualidad no podemos ver ningún objeto del palacio, ya que tras la muerte de este segundo visir el lugar fue completamente expoliado y la totalidad de sus tesoros fueron robados vilmente por sus esposas e incluso el propio sultán.

Tras la visita a este palacio nos dirigimos al Palacio Badi, que está también muy próximo al Bahía. Este segundo palacio está completamente en ruinas, por tanto lo único que vamos a ver (y siempre es importante tenerlo en cuenta para elegir los monumentos que visitar) son ruinas. Eso sí, a través de estas ruinas podemos hacernos una idea de la inmensidad de este palacete que servía simplemente como lugar de recepciones y fiestas.

Este palacio contó en sus tiempos de esplendor con un total de 300 habitaciones, todas ellas decoradas con los materiales más caros del momento, oro, cristal, piedras preciosas y demás lujos. El problema es que cuando el sultán Moulay Ismail decidió que Meknes debía ser la capital de Marruecos, el Palacio fue totalmente saqueado.

Tras un poco de palacios y ruinas decidimos dirigirnos hacia la plaza, esta vez tenemos la intención de comprar sin perdernos. Y sin duda alguna conseguimos nuestra misión. Llegamos a una hora más o menos relajada, no es que sea demasiado pronto, pero lo cierto es que encontramos menos gente que el primer día. Algo que sin duda alguna nos gusta.

Los colores nos sorprenden por todas partes, alfombras, lámparas, cristales, ropa y un largo listado de productos interminables se disponen de manera más o menos ordenada frente a nuestros ojos. Las tiendas del zoco son pequeñas en su mayoría, pero cuentan con bastante encanto.

Todos saben que somos españoles, nos preguntan, intentan atraer nuestra atención con palabras amables e incluso bromas, es gente humilde y muy agradable. Quitando a unos cuantos que suelen ser más insistentes, lo cierto es que el ambiente es bastante divertido, y a pesar de que si les ríes las gracias intentarán captarte sea como sea, no se enfadan demasiado si pasas de largo. Eso sí, si negocias, negocias. No os deis la vuelta si habéis cerrado un trato o seguramente el amable vendedor se enfadará muchísimo y te dirá eso de “la palabra es la palabra”.

Pasamos toda la mañana, hasta la hora de comer española (ya que ellos comen antes que nosotros) entre puestos de babuchas, incienso y especias. Cuando ya teníamos la gran mayoría de nuestras compras decidimos comer algo y descansar una hora en el hotel.

El final de nuestro viaje no podía tener un broche mejor. Terminamos de comprar todos los regalos para amigos y familiares y nos dispusimos a ver el atardecer en una de las terrazas que envuelven la plaza. La elegida fue el Café de la France. Este local es uno de los más antiguos de la plaza Jemma el Fna. Aun así el precio de los zumos no es nada elevado, teniendo en cuenta que estás disfrutando de una de las mejores panorámicas de toda la plaza.

Pudimos ver como poco a poco se iba llenando la plaza de más y más vendedores ambulantes. Estos no necesitaban tiendas, desplegaban su mercancía encima de la plaza y esperaban a que los turistas pasaran para seguir ofreciéndoles algo bueno, bonito y barato.

El momento más intenso fue cuando las mezquitas comenzaron a emitir sus rezos. A esa altura pudimos ver como a través de la llamada los fieles se acercaba en pequeños grupos a las mezquitas, descalzándose y entrando para rezar.

Aumentaron los encantadores de serpientes, los vendedores de lámparas o aquellos que ofrecían pañuelos “hechos a mano”. A medida que ellos se situaban en la plaza la afluencia de gente era cada vez más grande. Sin duda alguna un bonito espectáculo en el que la música y los olores iban subiendo en intensidad.

Tras nuestro zumo, decidimos que sería mejor cenar cerca del hotel para acostarnos pronto. Así pues miramos por última vez la imponente plaza esperando volver muy pronto a encontrarnos de frente con ella y todo su mágico ambiente marroquí.

Aquí tenéis el diario de mi viaje por Marruecos

También podéis ver las fotos que tomé:

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Categorias: Marrakech, Rutas turisticas


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